¿DÓNDE ESTAMOS LLEGANDO?
Cuando me propusieron escribir una colaboración sobre educación, no tenía muy claro por donde empezar. Escribí varios borradores que acabaron en la papelera, así que me decidí por escribir sobre mi experiencia como alumna y como docente.Hoy en día hay muchas diferencias con mi época de estudiante, tanto en el colegio como en el instituto. Cuando fui alumna, en la vida se me hubiese ocurrido contestar o cuestionar la autoridad de un profesor. Lo mismo mis padres. En esta época que nos está tocando vivir, el profesor está desprotegido en su clase. Los 10, 15 o 20 alumnos que tenga son los que mandan en la clase: son los que deciden si les gusta la forma de enseñar de quien les enseña (o por lo menos lo intenta), organizan votaciones a espaldas del profesorado para elegir las fechas de los exámenes, se permiten el lujo de cuestionar si un profesor falta mucho o poco, exigen explicaciones sobre cómo está planteado el reglamento de un centro,… ¿Dónde estamos llegando? ¿Qué ha sido del respeto que se le tenía a un profesor por el simple hecho de serlo? Y los padres no son menos: justifican todo lo que hacen sus hijos, ponen en entredicho la autoridad del profesorado, no aceptan los castigos que se imponen a sus hijos por las faltas cometidas,… y encima se permiten el lujo de echar la culpa a los docentes cuando tienen en casa delincuentes juveniles en potencia.En mi etapa como docente, gracias a Dios, no estoy viviendo la pesadilla que viven otros compañeros de profesión, pero se me ponen los pelos de punta cada vez que oigo en las noticias las agresiones a las que se ven sometidos. ¡Es increíble que se haya tenido que crear el personaje del Defensor del Profesor! Y esto sólo en cuanto al comportamiento y la disciplina.Entrando en el aspecto académico, no digo que el sistema bajo el que yo estudié (ha habido tantos que ya no sé cual fue) sea el mejor, pero mejor que este que tenemos ahora si, desde luego. En mis clases aprendía mucho: Matemáticas, Historia, Lengua, Latín,… y los libros estaban estructurados de forma que diese tiempo a dar toda la materia en un curso.Los alumnos de ahora, reciben una formación mucho mas pobre que la que yo recibí. Cosas que antes se sabían antes de llegar al instituto, ahora las dan a nivel de 4º de E.S.O. (2º de B.U.P.). Además está el tema de la no libertad de cátedra del profesor dentro de su aula.Todos hemos tenido alguna vez exámenes sorpresa, o dos o tres exámenes el mismo día, o dos trabajos que entregar la misma semana. Los niños de hoy, no, pobres, que a lo mejor se estresan si no pueden ver toda la basura que les entra por los ojos y las orejas en la televisión. Si tienen dos exámenes el mismo día es como si estuviesen sufriendo la peor de las torturas. Y si el profesor no consiente en cambiar el día del examen número 2, deciden que no estudian, para suspender todos y cuestionar así la profesionalidad del maestro.Estas formas de actuar, no se van a ver coartadas con la L.O.E. Con esta ley se va a dar mas libertad al alumno de la que ya tiene, y, como consecuencia, menos protección al profesor de cara a los padres y a los alumnos. Se va a tener a niños, que podrían encontrar su camino haciendo lo que antes era Formación Profesional, obligatoriamente en las aulas hasta los 16 años fastidiando a los pocos compañeros que quieran aprender e impidiendo al profesor cumplir con su trabajo. Todo esto sin mencionar la Educación para la Ciudadanía, una versión socialista de la antigua Formación para el Espíritu Nacional de la época de Franco.Sinceramente, somos muchos los que nos estamos planteando dejar una profesión que nos gusta, una profesión que como tantas otras es vocacional. Los demás sólo ven las vacaciones de verano, pero a día de hoy, deberían pasarse una semana en un instituto de los que salen en los informativos y que después opinen.
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